Levantar Vuelo y Comenzar…

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Viaje en avión a Bolivia, Perú y Chile, enero 2014

Hace muchos años atrás, pensaba que volar era cuestión de ricos, que solo unos pocos privilegiados podían hacerlo.

Esa imagen me demuestra que estaba equivocado, pero no por no tener dinero o que pensara que los ricos eran los únicos que podían volar, sino que estaba equivocado porque pensaba que yo no podía levantar mi vuelo, estaba equivocado porque yo mismo estaba enceguecido sobre la única verdad de ésta vida: que uno mismo es quien manda y obedece a la vez, no hay mandamientos más importantes que los que uno se impone, por ende, uno debe obligarse a hacer ciertas cosas para lograr otras que desea.

Sin entrar en mucho detalle, pensé que el levantar vuelo implicaba no solo un riesgo, sino un peligro, puesto que volar implica estar en el aire suspendido o en movimiento, y gracias a Newton sabemos que todo lo que sube tiene que bajar, por lo cual las bajadas serían lo peligroso.

Hoy pienso, después de escuchar varias personas decirme que tienen miedo de volar, de esa experiencia tan única como es la que sienten los pájaros a diario cuando extienden sus alas y despegan, que el miedo es una herramienta que utiliza nuestro peor enemigo para sabotearnos, y ese enemigo soy yo mismo.

El riesgo a volar es el mismo riesgo que tenemos a diario, podría darme un infarto, podría morir por falta de oxígeno con algo tan simple como atorarse con un alimento, podría chocar mi auto conmigo dentro y sin cinturón, podría morir de tantas formas simples y complejas a diario y tan fácilmente, que no puedo enumerarlas ni nombrarlas todas.

Por ello, creo que el miedo debe desaparecer para dar espacio al placer de arriesgarse, a dejar todo por un sueño, a perderse en la locura de uno mismo cuando tiene una idea genial pero casi imposible de lograr. Todo el miedo que hoy siento, debo dejarlo de lado, porque es lo que me paraliza, lo que no me permite avanzar.

Verán, siempre fui un chico muy cobarde, con decirles que mi hermana me defendía en las peleas es bastante, creo yo. Más allá de eso, mi cobardía me limito durante 30 largos años de mi vida a no moverme, a quedarme en lo seguro, a no cruzar ese límite que nos separa de la vida y la muerte.

Por ello hoy, estoy dispuesto a cruzarle, y quizás digan, !wow, que valiente eres!, pero lo cierto es que con éste post me estoy exponiendo al mundo, a que lo tomen como gusten o como les disguste.

Ese soy yo hoy, la persona que más miedo tenía, se convirtió en un aventurero de la vida, y no lo digo porque viaje, lo digo justamente porque no lo hago, no soy un viajero, ni un nómada, aunque me encantaría hacer ambas cosas durante el resto de mi vida.

Simplemente soy un hombre de 32 años que busca vivir en paz y armonía con su mundo, conocer nuevas culturas y aprender de ellas, descubrir lo que la vida me depare en donde vaya. Ese soy yo hoy.

Y me pregunto, ¿quién querrías ser tú hoy?

Creo que la respuesta no puedo dártela, pero sí puedo ayudarte a que comiences a caminar por el abismo, tropezando claro está, pero levantándose cada vez más deprisa. La vida no es más que eso, una lomada empinada que luego se suaviza, el problema está en cuánto duramos nosotros en esa lomada empinada y cuánto la suavicemos.

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